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Tantas veces como reclamamos justicia y reinvindicamos nuestros derechos, tambien Dios tiene sus derechos que son deberes para con nosotros. Fue Jesucristo quien nos dijo: Dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar. Pues tomemos nota y cumplamos lo que a Dios le corresponde que le demos: AMOR, ADORACIÓN, GRATITUD Y REPARACIÓN.



5 de septiembre de 2014

NADIE COMO ELLA FUE PURA INTEGRAMENTE DE CUERPO, ALMA Y CORAZÓN



Ave María Purísima. No hay saludo mejor y más agradable a Dios que saludemos a la Virgen Santísima con el Ave María Purísima, porque nadie como Ella fue pura íntegramente de cuerpo, alma y corazón. Yo, Jesús, os hablo.

Todo hijo de María debe saludar a Su Madre con el saludo que le corresponde, porque Ella agradece que Sus hijos le digan de corazón Ave María Purísima. Y todo aquel que contesta sin pecado concebida, está confirmando un dogma que nadie más que Ella ha podido obtener. Yo, Jesús, os hablo.

Quien honra a la Virgen Santa, Me honra a Mí, Su divino Hijo. Quien honra a Su divino Hijo, honra a Mi Padre Eterno. Así que hijos, no os de reparo de que porque deis honra a Mi Madre Me quitéis a Mí, Yo sé bien lo que siente y aman vuestros corazones. Yo, Jesús, os hablo.

Quien honra al Padre Eterno Me honra a Mí y quien Me honra a Mí, honra a Mi Santa Madre, por tanto, como un boomerang, la gloria que deis a uno vuelve al otro y así sucesivamente. Lo importante no son las alabanzas en sí, sino las alabanzas hechas de corazón y verdadero amor. Por eso hijos, alabar, siempre es dar gloria a Dios, si se hace de corazón y no como un papagayo que repite la cosas sin saber lo que dice. Yo, Jesús, os hablo.

Quien tiene una Madre y no acude a Ella está perdiendo un tesoro inmenso, porque una madre siempre es una madre, y la Virgen María, Mi Santa Madre, es Madre de las almas y Madre de todos vosotros, y no acudir a Ella es no beneficiarse de Su bondad, poder y amor. Yo, Jesús, os hablo.

Acudid hijos a vuestra Santa Madre y veneradla como Ella se merece, que la que llevó al Redentor del mundo en su purísimo seno, bien merece que se le venere reiteradamente. Porque hijos, los Ángeles en el Cielo lo hacen y no cesan de alabarla y glorificarla según corresponde a  Su dignidad. Yo, Jesús, os hablo. Paz a todo aquel que leyendo este mensaje lo cree y lo pone en práctica.